Adagio para cuerdas

Mientras mi mente permanecía como en un bote lleno de líquido viscoso sumergido, no había palabras, no había añoranzas, no había lágrimas de susurros que echaban de menos… Me mantenía como flotando en un mar de besos y abrazos, arropada por ti. No había males, no había preocupaciones, sólo vivir. Hasta que no estás al borde del precipicio, viendo las mariposas volar lejos de ti, no te das cuenta de lo mucho que significa la palabra echar de menos. Ahora, no puedo sino esperar a que llegue un nuevo amanecer…

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El mar.

Mirábamos el mar con ojeras y algo cansados después de varios días sin dormir. Las olas chocaban una a una con las rocas que se amontonaban bajo nuestros pies. De fondo, música de un concierto con poca gente, pero bastante animado. Tú me decías que te había gustado siempre. Yo te decía que siempre había soñado contigo. El mar nos miraba tranquilo y hacía de testigo. Un pequeño gatito paseaba y buscaba comida entre las rocas. En un intento de acariciarlo, tú me detuviste la mano y me avisaste de que podía tener alguna enfermedad. Sinceramente no me importaba, pero aún así, te hice caso.

El mar nos conoce, el mar nos ha visto varias veces juntos ya. Y me gustaría que el mar siga siendo nuestro testigo, con su tranquilo cantar bajo nuestros pies.

La copa de vino.

Ella descorchó la botella de vino que cuidadosamente había elegido. La misma marca que la primera vez. La misma cadena de supermercados. Sonrió pensando en lo que pasó aquel día. Como mariposas y embriagados por el sabor del vino, bailaron, y bailaron. Bailaron sobre las baldosas, sobre la cama, sobre las estrellas. 

Repasó mentalmente lo que faltaba. Estaba hecha la cena, puesta la mesa y la habitación estaba simplemente iluminada por las velas. Aspiró un instante el oxígeno de la habitación, impregnado de olor de pollo al chilindrón. Y entonces un sonido de llaves al otro lado de la puerta le alertó. 

-Cariño, ya estoy aquí. -Una voz masculina recorría el pasillo hasta donde estaba su oído. Ella apareció de repente delante de él. Semidesnuda. Únicamente tapada por un delantal rojo. En la mano derecha agarraba por el rabo una manzana mordisqueada. En la otra, un vaso con zumo de naranja. Y ella mojó la manzana en el zumo.

Microrrelato escrito para el I Certamen de Microrrelatos de Venta de Pisos. Si queréis participar, las bases del concurso están aquí. ¡Suerte!.

Bonanza

Bajaba la rueda del ratón lentamente, como alguien taciturno delante de una pantalla de ordenador. Parecía que leía cada una de esas frases pero en realidad, bajaba sin apenas fijarse en los pequeños detalles. Sólo conseguía ver infinitas formas de fotos e infinitas letras que se arremolinaban a su alrededor. Nada. No había ninguna palabra que de pronto le hiciera pararse de golpe, salir de su ensimismamiento y decir: “Ahí está, es ese tweet”.

Las casualidades no existen, sólo cuando estás ahí para obtenerlas, sólo cuando las buscas. Lo creía así y es por eso que buscaba su casualidad perdida entre un montón de letras, difamaciones, chorradas, comentarios soeces, tweets desesperados… Mas nunca había publicado su primer tweet, a pesar de que la propia plataforma de twitter le proponía una y otra vez hacerlo.

Nunca se había dado cuenta que al otro lado del mundo, alguien que aún no conocía pero sí lo había conocido en sus sueños también buscaba, taciturno, un tweet que le hiciera despertar de su ensimismamiento. El primer tweet que publicara.

Colorantes

 

Ella miraba al mundo con sus grandes ojos coloreados por toda la luz del cielo. El arco iris apareció entonces para que lo atravesaran aquellos grandes príncipes. Esos príncipes que venían del asteroide B-612. Y vencerán las ganas de huir para empezar el nuevo año con una sonrisa renovada que sin duda es una fusión de dos. 

Rosas rojas

Ella nunca había imaginado algún día tener una rosa pura y roja en su mano. En el instituto, siempre que llegaba San Valentín, rosas y claveles volaban y eran regaladas a sus amantes. Pero no siempre llegaba esa suerte. Ni siquiera, la suerte de recibir alguna carta aunque fuera anónima. Ni de amigas, ni de admiradores secretos, ni siquiera cartas a modo de burla. Llegó a pensar que incluso era INVISIBLE. Señorita invisible se hizo llamar un día, y así fue como al final quedó con ese apodo.

Los años pasaron, así como pasaron los días de instituto al mismo tiempo que fue llegando quizá una vida diferente para la señorita invisible. Le empezaron a llegar invitaciones a bailes con caballeros galanes y ostentosos, mas cada uno de ellos fue dejando tatuajes en su piel. Pero la rosa no llegó a sus manos. Supo que su suerte entonces aún no había llegado.  Y fueron pasando los años.

Lágrimas marcaron su piel facial y tras perder algo de brillo de juventud, perdió algunas esperanzas aunque no fueron todas. Pero tras las últimas lágrimas derramadas que le quedaban, ella se tumbó en el suelo y cerró sus ojos, para contemplar el mundo con los verdaderos sentidos. Y él le dejó una rosa roja como el otoño en sus manos.

Sobrevivir (También conocido como supervivir)

Me he perdido la primera luna llena del año en tus ojos, pero sé que me llevaras otra vez a volar por encima de Barcelona, volar sobre el Tibidabo de noche para después encender velas en la Catedral del Mar. Me pregunto si el tiempo pasará rápido porque ahora mismo parece que se hubiera detenido. Sé que cuando volvamos a estar juntos, volverá a correr y eso me consuela…

Si pudiera caer dentro del cielo, ¿Tú crees que el tiempo me pasaría? Porque sabes que caminaría mil millas si solamente pudiera verte esta noche. Prometo volver a bailar un vals contigo en Plaza Cataluña, escuchar el sonido de una guitarra romántica en el Park Güell, pero sobre todo, estaré esperando con ganas volver a ver ese arco iris que aparece en tus labios, tan mágico como la vida misma, tan mágico como nacer.

I’m waiting for you. Jo estic esperant per tu.