Story Cubes: Reto de las 7 semanas

¡Hola, holita!

Hace bastante tiempo que no publico por aquí un relato como [inserta aquí el nombre de tu dios o lo que consideres dios, o no] manda, y… Ésta semana me he apañado un nuevo juego: Efectivamente, el Story Cubes. Y… Se me ha ocurrido una idea 😀

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¿En qué consiste el juego? Es muy fácil. Consiste, básicamente, con las imágenes que te aparecen en los dados, crear una historia. Cualquier clase de historia. Todas ellas son válidas. Como en las últimas semanas además, andaba algo escasa de ideas ya que estoy bastante metida en el #ProyectoDecrépito, ¿por qué no usar los dados y crear mini historias?

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Por eso, he decidido crear éste reto. Y ante todo: Sentiros libres si queréis participar también, cuantos más seamos, mejor.

¿Y en qué consiste el reto?

Básicamente, cada jueves durante siete semanas os iré poniendo una imagen con lo que me ha salido en los dados, para que podáis crear una historia. Tenéis hasta el jueves de la semana siguiente para escribirla. La temática es totalmente libre, el único requisito es escribir un relato en el que aparezcan de alguna manera TODOS los elementos de las imágenes de los dados. Máximo 700 palabras por relato. Podéis enviármela bien por email: estybaliz@gmail.com o por cualquier red social (instagram, twitter, whatsapp…). Si me indicáis el link de vuestra web o blog, la indexaré además en el post de la semana siguiente. Por supuesto, si me escribís por mail, o cualquier plataforma, indicadme siempre que es para el reto de los story cubes y la semana que participáis. Además, no hay requisitos para participar, ni retuits ni leches en vinagre. Solo las ganas que tengas que escribir.

NO HAY GANADORES, pero en cierta manera, ganamos todos. Ganamos creatividad, visibilidad, y quien sabe si hasta buen rollismo ¿No?

Os dejo la imagen para el relato que comienza el jueves 18/01/2018: 

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Cualquier duda me la podéis comentar aquí mismo 🙂

¿Os animáis a participar?

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Escamas

Alguien me contó hace mucho tiempo, que se cuenta que en las noches de luna nueva, una rosa negra con pétalos duros y con forma de escamas de dragón mira hacia aquí. Hacia algún lugar de la Tierra. Que no es una rosa cualquiera, que se alimenta del frío y de la soledad.

Ese mismo alguien me dijo que solo una vez la vio, en un día de lágrimas por dentro, de dolor en el pecho, y que notó su mirada en la nuca. Que vio el reflejo por un segundo de uno de sus pétalos mientras caía al suelo.

Quizás esté deshojándose, quizás esté muriendo, o quizás no. Quién sabe.

Amago de labios

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Cuando la sonrisa se consume entre millones de recuerdos, y tú no estás, no me pidas que borre éstas lágrimas de despedida, provocadas por tus miradas lejanas. Y ya sólo me queda decirte adiós con un amago de labios, pues ya no tengo voz…

Deshazte

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El sonido de la bocina de un barco golondrina se escuchó a lo lejos. Navegaba despacio, rodeando la pequeña isla que se formaba al frente. El agua del mar Mediterráneo estaba tranquila, y golpeaba suavemente las piedras de la playa, se escuchaba el rumor ligero de las olas y aportaba cierta tranquilidad, como si el mundo mismo descansara en aquel rincón. No había arena, sólo duras y lisas rocas alrededor. Quizás era el mejor sitio que había encontrado para esconderse un rato del mundo, para impregnarse de un poco de la belleza oculta y misteriosa de aquella isla, para desaparecer de lo que era su rutina del día a día… Iba descalzo, saboreando con sus pies el calor de la piedra, y movió un tanto cada uno de los dedos de sus pies, sintiéndose algo mejor.

Dio un largo bostezo, estiró los brazos y se quedó un rato así, con los brazos sobre la cabeza, apoyados sobre su melena de color castaño oscuro, contemplando las vistas de frente hacia la Valleta. Iba sin camiseta, y una pequeña brisa cálida le acarició el pecho. Bajó los brazos nuevamente tras sentirlos un poco en tensión y se acercó hasta el final de la piedra, justo donde ya sólo había agua y la contempló. El agua era tan azul, que casi se podía entrever el fondo marino, lleno de algas. Algún pez subió a la superficie para después, volverse a sumergir.

Se quedó un rato más contemplando y desentrañando aquel paisaje que siempre lo sacudía por dentro. El ambiente olía a húmedo, y las nubes se desplazaban despacio, tranquilamente, anunciando el fin del verano. Sigue leyendo “Deshazte”

Abismos

Me miraba con esos ojos negros, grandes y algo desproporcionados en su cara. Estaba sentada en uno de esos asientos azules del metro, y me miraba, no dejaba de mirarme. Y por alguna razón no podía dejar de mirarla a ella.

No sé cómo eran sus facciones, ni cómo iba vestida. Solo puedo recordar sus dos ojos grandes y profundamente negros, De alguna manera sobrehumana me absorbían, me sentía inesperadamente atraído por ellos, por una fuerza magnética que superaba a mi voluntad.

Y cuando quise darme cuenta, ya estaba dentro de las profundidades de sus cavidades oculares, desintegrándome por completo, sintiendo como me desmembraba y me devoraba desde dentro. El mundo a mi alrededor era sólo oscuridad, y ya no quedaba nada más de él, ni de mí.

 

 

 

Las lágrimas del desamor son demasiado hermosas y tristes

—Nadie se merece tus lágrimas, no merece la pena que estés así por nadie —Ya lo sabía, y por más que quisiera y por más que se lo dijeran, era imposible sentirse a veces impotente, a veces vacía, a veces débil como ninguna. Se restregó los ojos por un momento, alzó un tanto la mano hacia el cielo, como intentado agarrar los pequeños hilos de luz que desprendía el sol, y se sintió por un momento desintegrarse, comenzando por la punta de su corazón roto, sintiendo la descomposición por cada una de las partes de su cuerpo, hasta llegar finalmente a la punta de sus dedos, y la nariz. Y por un momento, sintió que volaba hacia más allá de aquel cielo azul demasiado despejado.

Se sintió, aquel día, un poco mejor.

De flores y mostachos

La noche era apacible, y una brisa ligera corría a través de las briznas de césped verde mojado por el rocío. Los grillos cantaban a lo lejos, mientras el silencio de la noche se deslizaba como un manto espeso queriendo cubrirlo todo.

Él suspiró de verdadero placer, estiró sus brazos hacia el cielo mientras una sonrisa le iluminaba las mejillas, cerró los ojos por un momento y finalmente, se alisó la falda de color beige con estampado de flores para sentarse en aquella alfombra natural. Otra pequeña brisa acarició su nuca, reconfortándole. La falda creaba en la hierba un pequeño círculo floreado, como si de un pequeño jardín se tratara.

Ella, ya sentada junto a él, por un momento dejó de observar el perfil de sus labios carnosos para fijarse en aquella luna llena que los iluminaba. Instintivamente, se llevó su mano derecha hacia su bigote anaranjado, como siempre hacía cuando se sumergía en sus pensamientos. Acarició la punta de éste, y se amansó la parte encrespada. Finalmente, se tumbó en el suelo, junto a él.

Sus miradas se entrelazaron, ella se reflejó en sus ojos verdes intenso. Él se sumergió en aquel marrón oscuro que tanto le magnetizaba. Quizás alguna estrella fugaz pasó por el cielo en ese momento, mas sus miradas estaban demasiado ocupadas, haciendo el amor.