Deshazte

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El sonido de la bocina de un barco golondrina se escuchó a lo lejos. Navegaba despacio, rodeando la pequeña isla que se formaba al frente. El agua del mar Mediterráneo estaba tranquila, y golpeaba suavemente las piedras de la playa, se escuchaba el rumor ligero de las olas y aportaba cierta tranquilidad, como si el mundo mismo descansara en aquel rincón. No había arena, sólo duras y lisas rocas alrededor. Quizás era el mejor sitio que había encontrado para esconderse un rato del mundo, para impregnarse de un poco de la belleza oculta y misteriosa de aquella isla, para desaparecer de lo que era su rutina del día a día… Iba descalzo, saboreando con sus pies el calor de la piedra, y movió un tanto cada uno de los dedos de sus pies, sintiéndose algo mejor.

Dio un largo bostezo, estiró los brazos y se quedó un rato así, con los brazos sobre la cabeza, apoyados sobre su melena de color castaño oscuro, contemplando las vistas de frente hacia la Valleta. Iba sin camiseta, y una pequeña brisa cálida le acarició el pecho. Bajó los brazos nuevamente tras sentirlos un poco en tensión y se acercó hasta el final de la piedra, justo donde ya sólo había agua y la contempló. El agua era tan azul, que casi se podía entrever el fondo marino, lleno de algas. Algún pez subió a la superficie para después, volverse a sumergir.

Se quedó un rato más contemplando y desentrañando aquel paisaje que siempre lo sacudía por dentro. El ambiente olía a húmedo, y las nubes se desplazaban despacio, tranquilamente, anunciando el fin del verano. Sigue leyendo “Deshazte”

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Abismos

Me miraba con esos ojos negros, grandes y algo desproporcionados en su cara. Estaba sentada en uno de esos asientos azules del metro, y me miraba, no dejaba de mirarme. Y por alguna razón no podía dejar de mirarla a ella.

No sé cómo eran sus facciones, ni cómo iba vestida. Solo puedo recordar sus dos ojos grandes y profundamente negros, De alguna manera sobrehumana me absorbían, me sentía inesperadamente atraído por ellos, por una fuerza magnética que superaba a mi voluntad.

Y cuando quise darme cuenta, ya estaba dentro de las profundidades de sus cavidades oculares, desintegrándome por completo, sintiendo como me desmembraba y me devoraba desde dentro. El mundo a mi alrededor era sólo oscuridad, y ya no quedaba nada más de él, ni de mí.