Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida – Amalia Andrade Arango

6f4b8794f2ef29df2d0739c6cf26046fTítulo original: Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida
Autora: Amalia Andrade Arango
Idioma: Castellano
Año: 2015
Género: Narrativa, no-ficcion, autoayuda
Nº de páginas: 189
Editorial: Espasa

Cuando todo se me vino encima, se me ocurrió preguntar en twitter sobre un libro que me pudiera ayudar a pasar el primer mal trago. Y bendita la hora en que me llegó ese comentario. Y agradezco millones de veces haberme encontrado con un libro así. Quizás muchos me diréis que no sois de libros de autoayuda, que el positivismo no es lo vuestro. Pero no es nada de ésto. Quizás es un soplo de aire fresco, unas sonrisas de sorpresa, una visita de última hora, un pensamiento que sobrevuela el cielo… Quizás es todo eso y más. Al menos, para mí lo fue.

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Un libro y un no-libro y una libreta y un ejercicio de completación y una lista de necesidades espirituales…

Este manual para sobrevivir a un corazón roto es una guía llena de amor, ternura, honestidad y verdadera sabiduría emocional para superar cualquier ruptura y, sobre todo, para asumir que está bien estar mal.

Frente a las exigencias del amor y de la felicidad, Amalia Andrade ha pensado en un libro que asume el fracaso emocional como algo que se repite muchas veces en la vida y que, por lo tanto, debe ser visto con normalidad.

La clave está en manejar la tristeza, parece decir este libro, que ofrece una hoja de ruta completa desde el llanto desconsolado hasta la recuperación. Sigue leyendo “Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida – Amalia Andrade Arango”

Libertades

Caminaba con paso lento por las calles abotargadas de personas. Se sentía pesada, hinchada, oprimida. Cuanto más rápido caminaba, más pesado se hacía su cuerpo. Las personas pasaban veloces por su lado, con sus prisas y sus preocupaciones mundanales, que solamente a ellos mismos les importaban.

Sentía el pecho tan oprimido que hasta la faringe estaba casi obstruida. Ya le quedaba poco, a la vuelta de la esquina estaba el portal de su casa. Sólo necesitaba aguantar un poco más, un poco más…

Aguantó la respiración, cogió las llaves, se dirigió corriendo hacia la puerta marrón, pasando por el paso de peatones a punto de ponerse el semáforo en rojo y esquivando a los guiris de turno. Metió el trozo de hierro por el agujero de la puerta vieja del portal y giró. Tras entrar, encender la luz y volver a empujar la puerta para cerrarla, la calma volvió a su cuerpo. Una pesada bola subió por todo el esófago hasta llegar a su garganta. Y allí, en su boca, como una bomba atómica,  explotó. Un sonido gutural apareció un segundo en el rellano de su piso y como un relámpago desapareció. Era, sin duda, un eructo.

Oda (o intento de) a las bragas de cuello alto

¡Oh, bragas de cuello alto! Vosotras que nos acompañáis en los fríos y duros días invernales. Y aunque quizás os hayan dejado de lado por aquella prenda insulsa, el tanga, ¡Nada tenéis que envidiarle!

Porque en el fondo, vosotras también sois sexys a vuestra manera, nos acunáis y nos protegéis de todo aquel frío que se cuela por la rendija entre pantalón y jersey. Nos estilizáis nuestra figura y sois disimuladas, ¡Ay, vosotras que os merecéis eso y más!

Vosotras, clásicas y elegantes, provocativas a vuestra manera, no os dejéis engañar por las moderneces actuales. Vosotras sois como la cura de todos los males referidos al crudo frío que no tiene piedad. Nos realzáis el culo, adiós rollitos en los flancos izquierdo y derecho, fuera molla que sobresale.

¿Y quién osa de despreciaros? Quien no conoce vuestra verdadera esencia es que nunca ha saboreado el fruto del placer de llevar un vestido de vuelo y sentirse cálida bajo sus ropajes. No ha catado esa sensación de llevar pantalones sin temor a que una pequeña brisa circule por tus riñones, o a que se vea parte de tus intimidades.

¡Nada de hilos sueltos que no te protegen de nada! ¡Nada de indecorosas bragas que apenas llevan tela de colorines! ¡Nada de molestas braguitas que se te metan entre las carnes!

Oh, bragas de cuello alto, vosotras que siempre me acompañáis. ¿Qué sería de mí sin vosotras y sin vuestra caricia matutina?