Libertades

Caminaba con paso lento por las calles abotargadas de personas. Se sentía pesada, hinchada, oprimida. Cuanto más rápido caminaba, más pesado se hacía su cuerpo. Las personas pasaban veloces por su lado, con sus prisas y sus preocupaciones mundanales, que solamente a ellos mismos les importaban.

Sentía el pecho tan oprimido que hasta la faringe estaba casi obstruida. Ya le quedaba poco, a la vuelta de la esquina estaba el portal de su casa. Sólo necesitaba aguantar un poco más, un poco más…

Aguantó la respiración, cogió las llaves, se dirigió corriendo hacia la puerta marrón, pasando por el paso de peatones a punto de ponerse el semáforo en rojo y esquivando a los guiris de turno. Metió el trozo de hierro por el agujero de la puerta vieja del portal y giró. Tras entrar, encender la luz y volver a empujar la puerta para cerrarla, la calma volvió a su cuerpo. Una pesada bola subió por todo el esófago hasta llegar a su garganta. Y allí, en su boca, como una bomba atómica,  explotó. Un sonido gutural apareció un segundo en el rellano de su piso y como un relámpago desapareció. Era, sin duda, un eructo.

Oda (o intento de) a las bragas de cuello alto

¡Oh, bragas de cuello alto! Vosotras que nos acompañáis en los fríos y duros días invernales. Y aunque quizás os hayan dejado de lado por aquella prenda insulsa, el tanga, ¡Nada tenéis que envidiarle!

Porque en el fondo, vosotras también sois sexys a vuestra manera, nos acunáis y nos protegéis de todo aquel frío que se cuela por la rendija entre pantalón y jersey. Nos estilizáis nuestra figura y sois disimuladas, ¡Ay, vosotras que os merecéis eso y más!

Vosotras, clásicas y elegantes, provocativas a vuestra manera, no os dejéis engañar por las moderneces actuales. Vosotras sois como la cura de todos los males referidos al crudo frío que no tiene piedad. Nos realzáis el culo, adiós rollitos en los flancos izquierdo y derecho, fuera molla que sobresale.

¿Y quién osa de despreciaros? Quien no conoce vuestra verdadera esencia es que nunca ha saboreado el fruto del placer de llevar un vestido de vuelo y sentirse cálida bajo sus ropajes. No ha catado esa sensación de llevar pantalones sin temor a que una pequeña brisa circule por tus riñones, o a que se vea parte de tus intimidades.

¡Nada de hilos sueltos que no te protegen de nada! ¡Nada de indecorosas bragas que apenas llevan tela de colorines! ¡Nada de molestas braguitas que se te metan entre las carnes!

Oh, bragas de cuello alto, vosotras que siempre me acompañáis. ¿Qué sería de mí sin vosotras y sin vuestra caricia matutina?