Las lágrimas del desamor son demasiado hermosas y tristes

—Nadie se merece tus lágrimas, no merece la pena que estés así por nadie —Ya lo sabía, y por más que quisiera y por más que se lo dijeran, era imposible sentirse a veces impotente, a veces vacía, a veces débil como ninguna. Se restregó los ojos por un momento, alzó un tanto la mano hacia el cielo, como intentado agarrar los pequeños hilos de luz que desprendía el sol, y se sintió por un momento desintegrarse, comenzando por la punta de su corazón roto, sintiendo la descomposición por cada una de las partes de su cuerpo, hasta llegar finalmente a la punta de sus dedos, y la nariz. Y por un momento, sintió que volaba hacia más allá de aquel cielo azul demasiado despejado.

Se sintió, aquel día, un poco mejor.

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