Amago de labios

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Cuando la sonrisa se consume entre millones de recuerdos, y tú no estás, no me pidas que borre éstas lágrimas de despedida, provocadas por tus miradas lejanas. Y ya sólo me queda decirte adiós con un amago de labios, pues ya no tengo voz…

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Sentirse oxidada

Últimamente me siento como un instrumento desafinado, como un amante demasiado viejo para ser amado, como una guitarra con cuerdas rotas, como un vaso sin brillo por el desgaste del estropajo, como un escritor sin ideas, como un viejo roble agonizante, como un microondas que no calienta, como cuando se acaba el agua caliente del calentador eléctrico, como un jersey con las mangas deshilachadas, como una canción que habla de la desolación del mundo, como un restaurante que ha perdido todo su encanto, como un banco del parque, aquel que últimamente se siente tan solitario.

Hoy he perdido el control.

Pintauñas

Cansada de su estado de ansiedad continuo, ella decidió pintarse las uñas, gastadas de los productos de limpieza y de mordeduras. No quiso pintarlas de otro color sino del negro. Todo el mundo en sus bitácoras exponían un mundo de romances sobreexplotados, pero ella sabía que era sólo una exageración de lo que no se tiene…

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Siento no haber estado tan presente últimamente por aquí. El estado de ánimo y los estudios no me dejan tiempo para nada, pero intentaré pasarme de vez en cuando 🙂

Viaje en coche al amanecer

 

Un mar de lágrimas yace a mí alrededor.
No es la tristeza ni el enfado del cielo,
son gotas de agua cayendo en mi interior.
A toda velocidad voy observando tu pelo,
lo acaricio, siento su aroma, su tacto de seda;
quiero parar el mundo, deseo pararlo todo;
veo la sonrisa del amanecer; poco me queda.
El reflejo de tu imperante rostro parece cansado;
inmortalizo el momento, es mágico, es real.
En el horizonte observo el final de un nuevo comienzo;
nada me va a detener, me siento puro, me encuentro bien.
El viaje ha acabado, ya nada me preocupa,
sé que nuestro sueño a partir de ese momento,
no ha hecho nada más que comenzar.

By P. Prieto