Cómo escribir microrrelatos

Parece una tontería, ¿verdad? Que yo venga aquí a hablaros sobre cómo escribir microrrelatos, algo que parece súmamente fácil. Pero no. Ante todo, vengo aquí a desmontaros todos los esquemas. Porque aunque sea un texto corto, aunque sean solo unas líneas, escribir microrrelatos, es, sobretodo, un arte. Quiero avisar antes de nada que ésta es mi mera opinión. Por supuesto, si hay lectores de por medio, y los lectores lo aceptan como tal, no tiene tampoco por qué haber problemas. Muchas veces, romper esquemas es la mejor manera de avanzar.

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Amago de labios

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Cuando la sonrisa se consume entre millones de recuerdos, y tú no estás, no me pidas que borre éstas lágrimas de despedida, provocadas por tus miradas lejanas. Y ya sólo me queda decirte adiós con un amago de labios, pues ya no tengo voz…

Esta vez soy yo

Sólo con el tiempo se aprende que los besos no son contratos de fiar y que las noches de pasión pueden llevarte a un engaño ciego.  Podría pasar la vida entera buscando los momentos que escribo y perdería el tiempo. El aire que oxigena mi mente romántica ahora está contaminado y me ataca sin piedad. Podría pasarme la vida mirando escenas de cariños apretados, espesos y voluptuosos. Pero entonces, sólo conseguiría perder mi tiempo. Podría pasarme la vida escribiendo frases  sin sentido de añoranzas…

Me estoy perdiendo en mi misma. Ahora lo que necesito es encontrarme. Basta de ir por senderos que sólo me llevan a sitios cada vez más perdidos en sí mismos.

El hombre de la luz de la calle

Removí el té con cierto pesar. La música sonaba lentamente en la cafetería, y el vapor de la infusión me llenaba las fosas nasales. El ambiente, a pesar de estar abarrotado de gente, era silencioso. Aquel lugar era ideal. Con sus ventanales, sus estanterías llenas de libros, y aquel olor a tarta recién hecha. Aquel lugar nació a raíz de alguien que amaba la lectura, estaba segura de ello. Di un pequeño sorbo a la bebida caliente que estaba dispuesta en mi mesa, y miré intrigada a mi compañera. Sonreí al verla tan ensimismada contemplando aquel sitio. Sin duda, la mejor cafetería de la ciudad.

—Creo… que me estabas hablando de tu abuela— Dijo ella mientras posaba de nuevo sus ojos marrón oscuro sobre mi. Yo suspiré, era cierto que mi abuela había muerto hacía ya mucho tiempo. Pero siempre le quedaron pequeñas partes de ella clavadas en su corazón. Y no quería olvidar. —Sí, es cierto… Tienes razón. Como te decía, mi abuela siempre me contaba ésta pequeña historia:

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