Las lágrimas del desamor son demasiado hermosas y tristes

—Nadie se merece tus lágrimas, no merece la pena que estés así por nadie —Ya lo sabía, y por más que quisiera y por más que se lo dijeran, era imposible sentirse a veces impotente, a veces vacía, a veces débil como ninguna. Se restregó los ojos por un momento, alzó un tanto la mano hacia el cielo, como intentado agarrar los pequeños hilos de luz que desprendía el sol, y se sintió por un momento desintegrarse, comenzando por la punta de su corazón roto, sintiendo la descomposición por cada una de las partes de su cuerpo, hasta llegar finalmente a la punta de sus dedos, y la nariz. Y por un momento, sintió que volaba hacia más allá de aquel cielo azul demasiado despejado.

Se sintió, aquel día, un poco mejor.

De flores y mostachos

La noche era apacible, y una brisa ligera corría a través de las briznas de césped verde mojado por el rocío. Los grillos cantaban a lo lejos, mientras el silencio de la noche se deslizaba como un manto espeso queriendo cubrirlo todo.

Él suspiró de verdadero placer, estiró sus brazos hacia el cielo mientras una sonrisa le iluminaba las mejillas, cerró los ojos por un momento y finalmente, se alisó la falda de color beige con estampado de flores para sentarse en aquella alfombra natural. Otra pequeña brisa acarició su nuca, reconfortándole. La falda creaba en la hierba un pequeño círculo floreado, como si de un pequeño jardín se tratara.

Ella, ya sentada junto a él, por un momento dejó de observar el perfil de sus labios carnosos para fijarse en aquella luna llena que los iluminaba. Instintivamente, se llevó su mano derecha hacia su bigote anaranjado, como siempre hacía cuando se sumergía en sus pensamientos. Acarició la punta de éste, y se amansó la parte encrespada. Finalmente, se tumbó en el suelo, junto a él.

Sus miradas se entrelazaron, ella se reflejó en sus ojos verdes intenso. Él se sumergió en aquel marrón oscuro que tanto le magnetizaba. Quizás alguna estrella fugaz pasó por el cielo en ese momento, mas sus miradas estaban demasiado ocupadas, haciendo el amor.

Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida – Amalia Andrade Arango

6f4b8794f2ef29df2d0739c6cf26046fTítulo original: Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida
Autora: Amalia Andrade Arango
Idioma: Castellano
Año: 2015
Género: Narrativa, no-ficcion, autoayuda
Nº de páginas: 189
Editorial: Espasa

Cuando todo se me vino encima, se me ocurrió preguntar en twitter sobre un libro que me pudiera ayudar a pasar el primer mal trago. Y bendita la hora en que me llegó ese comentario. Y agradezco millones de veces haberme encontrado con un libro así. Quizás muchos me diréis que no sois de libros de autoayuda, que el positivismo no es lo vuestro. Pero no es nada de ésto. Quizás es un soplo de aire fresco, unas sonrisas de sorpresa, una visita de última hora, un pensamiento que sobrevuela el cielo… Quizás es todo eso y más. Al menos, para mí lo fue.

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Un libro y un no-libro y una libreta y un ejercicio de completación y una lista de necesidades espirituales…

Este manual para sobrevivir a un corazón roto es una guía llena de amor, ternura, honestidad y verdadera sabiduría emocional para superar cualquier ruptura y, sobre todo, para asumir que está bien estar mal.

Frente a las exigencias del amor y de la felicidad, Amalia Andrade ha pensado en un libro que asume el fracaso emocional como algo que se repite muchas veces en la vida y que, por lo tanto, debe ser visto con normalidad.

La clave está en manejar la tristeza, parece decir este libro, que ofrece una hoja de ruta completa desde el llanto desconsolado hasta la recuperación. Sigue leyendo “Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida – Amalia Andrade Arango”

Careless Whisper

Durante los días de invierno, las hojas tiritaban entre la fría y húmeda brisa que soplaba del norte. Las palabras se deslizaban sigilosamente por la pluma de color negro y se vaciaban en el fino papel, doblado por la fuerza, a veces del viento. De vez en cuando, alguien se asomaba a la pequeña plaza, curioseaba un rato, posaba su tímida mirada en sus quehaceres y marchaba, como las hojas en invierno. Últimamente, y a pesar de que se encontraba en su rincón de musas, escribir no le suponía tanto. Ya no significaba tanto, no quería seguir escribiendo de esa manera tan fría.

Se levantó pesarosamente del frío banco gris, y caminó mientras se fumaba tranquilamente un cigarrillo. El cansancio de escribir de mil y una maneras el mismo poema casi ya le producía nauseas, pero no se rendía. Sólo pensaba en su sonrisa y en aquel calor que no conocía. De su boca salía el humo después de haberlo aspirado del cigarrillo, y de su mente, mil y pensamientos.Tenía miedo de encontrarse con aquella cara en algún lugar de la ciudad, y sin embargo, las casualidades no existían, ya lo sabía.

Caminaba mientras observaba la tibieza del pequeño atardecer de la ciudad mientras se interponía la noche. Todo era tan dramático aquella noche que decidió que no escribiría más aquella escena. Cogió la hoja garabateada y la miró por última vez. La dejó sobre uno de esos bancos frente a la catedral, y desapareció entre las calles.

Mis amores platónicos (Ficticios)

Después de ver el último vídeo de Kowai Nana (Super adorable ella, por cierto, y si aún no la conocéis, echadle un vistacín aquí: Kowai Nana) he tenido la genial idea (¿y por qué no?) de escribir mi entrada de la semana sobre mis amores platónicos ficticios, ya que no tenía ninguna reseña pendiente por el momento(Sí, lo sé, voy lenta leyendo). Ésta entrada no es otra cosa que un listado de romances imposibles con personajes inventados y en la cual, la relación siempre será unilateral. (En otro momento y si me lo pedís, haré un listado también de amores platónicos con celebridades jaja ¿?).

Y aunque es un tanto doloroso (yo por lo menos, lo he padecido bastante), aquí va. Comenzaré de lo menos fuertecito a lo más heavy ¡Yay! Sigue leyendo “Mis amores platónicos (Ficticios)”

Los semáforos en rojo

¿Alguien sabe cuánto tarda un semáforo en volver a ponerse en verde? ¿Alguien puede decirme cuánto tiempo de mi vida pasé esperando la luz verde de ese semáforo?

Era un día cualquiera, de esos en los que ni siquiera llevaba el mp3 puesto sonando música al azar, puesto que ni siquiera lo necesitaba, ese día estaba yo y mis pensamientos únicamente. Repasaba la lista de la compra mentalmente, las calles estaban abarrotadas de gente, gente que pasaba de largo sin siquiera darse cuenta de mi existencia. Calles llenas de tiendas, aparentando la riqueza de la ciudad, y como contraste, gente postrada en las paredes de aquellas tiendas demasiado pobres para entrar en ellas.

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