Marafariña – Miriam Beizana Vigo

41tQCykKGTL._SY346_Título original: Marafariña
Autor: Miriam Beizana Vigo
Cubierta: Elena Del Palacio
Año: 2015
Género: Narrativa, drama, religión, romance
Nº de páginas: 652
Editorial: Autopublicación

Hacía mucho tiempo que no escribía una reseña, y ya iba siendo hora, porque me estaba quedando como oxidada. Así que he cogido, he desempolvado mi pluma, y he engrasado adecuadamente mis dedos, porque ésta reseña lo merece. Y lo cierto es que no he tenido excusa, o quizás sí, porque me he tomado todo el tiempo del mundo en leer ésta novela. También porque lo necesitaba. El ritmo acelerado que llevaba de lectura casi no era normal. Y sin más dilación, os presento el libro de mi autora adoptada y preferida de éstos momentos (Si queréis conocer el proyecto, pinchad AQUÍ).

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Marafariña es un lugar infinito que no termina nunca, pues jamás ha tenido inicio. Es un trocito de paraíso terrenal, un bosque de un intenso color verde vivo, un cielo gris y lluvioso, o una tierra eternamente humedecida de la que brota vida de manera incansable. Es un claro brillante y hermoso, secreto y solitario. Es un río que emite un tintineo hipnotizante y fresco. Es una playa anhelante de la unión entre la arena y el mortal Océano Atlántico. Es, también, una Iglesia abandonada sin Dios. Una tarde soleada, pero dominada por el intenso frío. Es una hoguera que quiere penetrar en la noche. Es la oscuridad más pura, y es también la luz más brillante.

Marafariña es un sentimiento, una sensación, unas raíces, una manera de darle sentido a la existencia, o de quitárselo de la misma forma. Es una fuerza atrapante, musical, fuerte e invencible.

Marafariña es un regalo de una Galicia con esencia propia, con su propia alma y su propio espíritu. Marafariña es una aldea que carece de ataduras a su alrededor. Que no necesita a nadie, que tiene un corazón que late por sí solo, que está fuera del mundo real, que está fuera de todo lo conocido. Porque Marafariña es un paraíso desconocido.

Ruth siente un vínculo especial, esotérico, con Marafariña. Su propio corazón, su latido, es inherente al propio pulso de una Marafariña que la ha acompañado siempre, en cualquier faceta de su vida. Apenas ha necesitado nada más para sobreponerse a su compleja situación personal: toda su existencia está sometida a unas poderosas y restrictivas creencias impuestas por sus padres, a raíz del fallecimiento de su hermano mayor. Enfrascada en una vorágine de obligaciones, siguiendo el camino estipulado sin replantearse ninguna de sus pautas, sobrevive enfriando sus sentimientos y anulado sus deseos o su curiosidad.

Sin embargo, la llegada de Olga a la solitaria aldea parece desbarajustar el equilibro y la paz de Marafariña y de la propia Ruth, como si repentinamente, la inmutabilidad de la Naturaleza del lugar y de la muchacha se resquebrajasen como las otoñales hojas secas. A partir de entonces, el virginal bosque de emociones en el que vivía Ruth, se ve surcado por millones de nuevos caminos, nuevas posibilidades y nuevos sentimientos, que le provocan un doloroso, a la par que hermoso, despertar personal. Sigue leyendo “Marafariña – Miriam Beizana Vigo”

Reto: Una semana, un libro

Hace  unos días publiqué en mis redes sociales el hastag Escribir es mi trabajo, reivindicando el trabajo de los escritores y a veces, lo que eso supone.

En realidad, no entraré en mucho debate sobre ésto, prefiero dejarlo para otro momento. Y por contra, prefiero centrarme en la idea del visibilizar a escritoras como tal, en la cultura libre, el respeto del trabajo de los escritores en general y la colaboración con las bibliotecas.

A menudo pienso que se nos olvidan esos magníficos edificios públicos que son las bibliotecas. La sociedad nos abruma con el capitalismo y la idea de comprar y comprar. Y, lo cierto, es que desde que me independicé, valoro mucho menos el consumismo como tal y aprecio más la cultura libre, porque al igual que la democracia, un pueblo tiene necesidad de una cultura asequible, y precisamente es lo que no está ocurriendo. Pero ojo, no me malentendáis. Que la libertad de cultura sea así no quiere decir que sea gratuita. Apoyo más la causa de si te gusta un libro después de haberlo leído (de manera gratuita, o como quieras llamarlo), deberías después apoyar al escritor/a comprando un ejemplar para ti. No digo en ese mismo momento, años más tarde si lo prefieres, pero siempre teniéndolo en cuenta.  Sigue leyendo “Reto: Una semana, un libro”

Herramientas para escritores: Narradores

Tan importante es conocer el tema que queremos narrar, como el punto de vista desde el que se narra. La elección del narrador no sólo delimitará el punto de vista desde el cual se enfoca el relato, sino que también influirá decisivamente en aspectos tan relevantes como la credibilidad, el lenguaje a utilizar o la complicidad con el lector.

Por eso mismo, debemos tener en cuenta:

  • El punto de vista: desde qué ojos miramos lo que sucede. ¿Los ojos de alguien que lo sabe todo, como un Dios? ¿Un ojo que sólo registra lo que ve, como una cámara? ¿O los ojos de uno de los personajes de la historia? Y, en tal caso, ¿cuál?
  • El narrador: de quién es la voz que cuenta la historia. ¿La de un narrador externo a dicha historia o la de un narrador interno, es decir, un personaje?

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Blond + Fallo del concurso literario de San Valentín

La habitación permanecía en una quietud casi venenosa. Montones de folios yacían apilados junto a unas máquinas indescifrables de color blanco. Al fondo, pegado a la pared, había un cartel de color blanco con unas cantidades sin demasiados detalles: Precio por fax, 0,05 céntimos. 25 fax, 1 €. Precio por fotocopia, 0,05 céntimos. 125 fotocopias, 5 €. Precio por fotocopia en color, 0,15 céntimos. 50 fotocopias a color, 7 €. Las paredes eran de un color blanco sucio, y la habitación era tan cuadrada que casi asfixiaba. Todo permanecía apagado. En la calle, el sonido del tráfico comenzaba a acrecentarse, la ciudad empezaba a despertarse y las farolas nocturnas se apagaban automáticamente. Una joven con gafas y pelo largo recogido en una trenza se posó frente a la puerta de cristal de aquel habitáculo, con los marcos llenos de pegatinas de cerrajeros. Con una mano rebuscaba las llaves en un bolsillo de su chaqueta. Con la otra sostenía un café de alguna cadena de cafeterías para llevar. Cuando por fin encontró aquel amasijo de acero, abrió la puerta, y de una manera mecánica y rutinaria, encendió los fluorescentes, seguidamente enchufó las fotocopiadoras y los faxes, puso los folios en los cajones correspondientes de las máquinas y finalmente, encendió la radio, en la cual sonaba lo último de Coldplay. Aún era temprano, y no vendrían los primeros estudiantes con apuntes que imprimir hasta pasadas las diez de la mañana. Pero, para sorpresa de la chica, un hombre con gabardina negra y bufanda roja apareció en el lugar. No había oído siquiera el ruido de la puerta al abrirse, pero el cliente estaba allí, así que rápidamente ella le preguntó con amabilidad: Buenos días, ¿En qué le puedo ayudar? Sigue leyendo “Blond + Fallo del concurso literario de San Valentín”

Acongojada

Sabía que el cielo de ese día no era el mismo de siempre, ni las horas que pasaban una tras otra en reloj, ni las palomas, ni la calle. Las había perdido. Y aunque sabía que sólo era depresión, que su corazón estaba hecho guijarros, no podía dejar de ver su propio espectáculo. Horrible y aterrador, angustioso y oscuro. El acongojamiento.

Noade nunca se había sentido de tal manera. Quizás porque en el fondo sabía que la inmensa tristeza nunca había conseguido atraparla del todo y vencerla. Pero ahora que estaba derrotada, tirada en el suelo húmedo y frío,  ahora que sentía las huesudas manos de la debilidad, del decaimiento voluptuoso, se había dado cuenta de cuán equivocada que estaba. Ningún dolor de desamor era comparable, ni el de la pérdida de ningún familiar, ni el del bullying escolar, nada podía compararse.

Y ella sólo se decía: “Basta, basta… Ya no más”. La muerte con sus huesudas manos le tentaba hacia el abrazo, un abrazo eterno y sin compasión, que le librara de todo aquello. Pero el miedo a lo desconocido la refrenaba.

Una lágrima escapó de la esquina de sus ojos. Una lágrima que nunca volverá.

Mujeres filósofas: Hiparquía

Hace tiempo que estoy bastante interesada con la filosofía. Y he devorado libros de filósofos concretos como Nietzsche y Platón. Y otros más conocidos en los colegios como El mundo de Sofía. Pero he sentido una tristeza bastante profunda al darme cuenta de que en clase y en los libros sólo aparecen filósofos [hombres] y no se hace referencia en ningún caso a mujeres filósofas. Cuando también han sido importantes en su tiempo, y también infravaloradas por su sexo.

Por eso mismo, he decidido investigar el tema [mientras intento retomar la rutina de la lectura para retomar las reseñas] y brindaros la oportunidad de conocer a algunas filósofas que se deberían tener en cuenta y de las cuales, la historia no hace referencia.

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Comenzaremos pues, con ésta sección, con Hiparquía (Ιπαρχία, Maronea de Tracia, ca. 346 a. C. – ca. 300 a. C.). Fue una de las primeras mujeres conocidas como filósofas, y se la conoce por compartir ideas con Crates de Tebas y su forma de vida de la escuela cínica. Libertina, contestataria y feminista, se conoce que se enfrentó a Teodoro el ateo, ya que él no estaba de acuerdo con que las mujeres se dedicaran a la filosofía, y mucho menos a las reuniones de los filósofos, olvidando sus deberes domésticos, a lo que ella contestó:  “¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?”.

Lamentablemente no se conservan en la actualidad ninguna de sus obras. Diógenes Laercio habla de ella en su famosa obra “Vida de los filósofos más ilustres” (VI,2) dentro del apartado de Crates, su compañero sentimental, siendo la única mujer citada como filósofa en toda la obra aunque, qué sorpresa, sin tener un apartado propio. Gracias al lexicógrafo griego Suidas (s. X) sabemos que escribió al menos tres obras: Hípotesis filosóficas, Epiqueremas y “Cuestiones sobre Teodoro el ateo”.

Hiparquía rechazó la cultura oficial ateniense que recluía, excluía y subordinaba a la mujer, expulsándola del espacio público, tanto cultural, política como sociológicamente. Participaba de la vida pública y tenia “visibilidad”, frente a la “invisibilidad” femenina del momento. Desafió con su comportamiento público, su rechazo a la oikonomía y con su interés intelectual, a una sociedad patriarcal, machista y misógina.

Y hasta aquí, la referencia de hoy. ¿Qué os ha parecido? ¿Os gustaría más entradas como ésta? 🙂

Careless Whisper

Durante los días de invierno, las hojas tiritaban entre la fría y húmeda brisa que soplaba del norte. Las palabras se deslizaban sigilosamente por la pluma de color negro y se vaciaban en el fino papel, doblado por la fuerza, a veces del viento. De vez en cuando, alguien se asomaba a la pequeña plaza, curioseaba un rato, posaba su tímida mirada en sus quehaceres y marchaba, como las hojas en invierno. Últimamente, y a pesar de que se encontraba en su rincón de musas, escribir no le suponía tanto. Ya no significaba tanto, no quería seguir escribiendo de esa manera tan fría.

Se levantó pesarosamente del frío banco gris, y caminó mientras se fumaba tranquilamente un cigarrillo. El cansancio de escribir de mil y una maneras el mismo poema casi ya le producía nauseas, pero no se rendía. Sólo pensaba en su sonrisa y en aquel calor que no conocía. De su boca salía el humo después de haberlo aspirado del cigarrillo, y de su mente, mil y pensamientos.Tenía miedo de encontrarse con aquella cara en algún lugar de la ciudad, y sin embargo, las casualidades no existían, ya lo sabía.

Caminaba mientras observaba la tibieza del pequeño atardecer de la ciudad mientras se interponía la noche. Todo era tan dramático aquella noche que decidió que no escribiría más aquella escena. Cogió la hoja garabateada y la miró por última vez. La dejó sobre uno de esos bancos frente a la catedral, y desapareció entre las calles.