Jabberwocky, o cómo escribir algo bonito y sin sentido

Hace algún tiempo, navegando entre páginas de Internet en un día aburrido como hoy,  conocí a una cantante con un canal en youtube, algo famosa, y me enamoré de su voz. Los que me seguís en las redes sociales, posiblemente ya sepáis de qué estoy hablando. Pero por si no lo sabéis, os lo explico: Hablo de Erutan. Hace aproximadamente unas semanas (o meses ya casi) subió un nuevo vídeo a su canal, que me causó verdadera curiosidad, titulado Jabberwocky.

En un principio no entendía la letra, y no sabía el por qué. Lo achacaba a que no ponía demasiada atención a la cación, y pillaba palabras sueltas. Pero mi sorpresa fue cuando busqué la letra ¡No tenía sentido alguno!

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‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

‘Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!’
[…]

En seguida me puse a investigar sobre el tema, y descubrí que no era una canción, sino un poema sin sentido alguno de Lewis Carroll, incluido en el libro de Alicia a través del espejo (libro que me tengo que leer sí o sí, por cierto, y que aún no lo he hecho).

Al parecer, muchas de las palabras de dicho poema fueron creación propia del autor, inventadas o fusionadas a partir de otras palabras, las cuales, algunas de ellas el propio autor explica su significado y pronunciación, o bien en la misma obra o en obras posteriores. De hecho, muchas de éstas palabras fueron después incorporadas al inglés, como la misma palabra Jabberwocky, que viene a significar: lenguaje sin sentido.

Dicho poema fue traducido al español, en diferentes versiones. Mi favorita, quizás, es la versión Jorge A. Sánchez (1996):

 Asurraba. los viscovivos toves
tadralando en las vaparas ruetaban;
misébiles estaban los borgoves,
mientras los verdos momios bratchilbaban.
Cuidado hijo con el Fablistanón!
con sus dientes y garras muerde, apresa!
Cuidado con el pájaro Sonsón,
y rehúye al frumioso Magnapresa!

Por tanto, y viendo éste poema acabo pensando: ¿Cuál es la limitación del lenguaje? Quizás solo sea una limitación que nosotros mismos nos ponemos. Una especie de piedra en el camino que a veces no nos deja avanzar. Y sin embargo, no puedo dejar de acordarme en cierta manera de Juan Ramón Jiménez, quien en sus poemas cometía “faltas de ortografía” a posta. No es que no supiera cómo se escribía, sino que quería darle un estilo más propio. Algo más suyo, de su tierra, quizás.

Desde mi punto de vista, quizás nos obcecamos (o más bien yo me obceco quizás) en el significado de las palabras. En escribir de manera correcta, en buscar esa palabra exacta para describir lo que tenemos en nuestra mente. A veces no existe.

En twitter, Clara S. Melongena puso lo siguiente:

berenjena

Y me hizo pensar que era cierto. No hay palabra que describa esa acción. Pero, ¿y si nosotros mismos la creamos?

Siempre he defendido que a veces hay que romper con las normas, porque ya que en la vida muy pocas veces algo es totalmente negro, o totalmente blanco, ¿por qué no darle nosotros mismos el matiz? A fin de cuentas, la RAE (esos señoros de corbata que parece que persigan con un látigo a las palabras) no se creó para imponer una ley, sino para dejar constancia del lenguaje que se utiliza en la actualidad y su significado, desde mi humilde definición.

Y reflexionando sobre éste tema, ¿os atreveríais a inventaros palabras nuevas en vuestros relatos? ¿Qué pensáis?

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