Deshazte

valleta_by_takuskita-d4f56gb

El sonido de la bocina de un barco golondrina se escuchó a lo lejos. Navegaba despacio, rodeando la pequeña isla que se formaba al frente. El agua del mar Mediterráneo estaba tranquila, y golpeaba suavemente las piedras de la playa, se escuchaba el rumor ligero de las olas y aportaba cierta tranquilidad, como si el mundo mismo descansara en aquel rincón. No había arena, sólo duras y lisas rocas alrededor. Quizás era el mejor sitio que había encontrado para esconderse un rato del mundo, para impregnarse de un poco de la belleza oculta y misteriosa de aquella isla, para desaparecer de lo que era su rutina del día a día… Iba descalzo, saboreando con sus pies el calor de la piedra, y movió un tanto cada uno de los dedos de sus pies, sintiéndose algo mejor.

Dio un largo bostezo, estiró los brazos y se quedó un rato así, con los brazos sobre la cabeza, apoyados sobre su melena de color castaño oscuro, contemplando las vistas de frente hacia la Valleta. Iba sin camiseta, y una pequeña brisa cálida le acarició el pecho. Bajó los brazos nuevamente tras sentirlos un poco en tensión y se acercó hasta el final de la piedra, justo donde ya sólo había agua y la contempló. El agua era tan azul, que casi se podía entrever el fondo marino, lleno de algas. Algún pez subió a la superficie para después, volverse a sumergir.

Se quedó un rato más contemplando y desentrañando aquel paisaje que siempre lo sacudía por dentro. El ambiente olía a húmedo, y las nubes se desplazaban despacio, tranquilamente, anunciando el fin del verano.

Cuando ya no pudo más, y sintió las piernas engarrotadas de la postura, se volvió a levantar por fin. Las rodillas chascaron un poco al levantarse, y justo, al mirar hacia el límite de la roca, donde se unía con el mar, vislumbró una mano. No sabía de quién era, ni por qué estaba allí, no había notado antes su presencia, y solo fue rápidamente hasta ella, en un impulso de apenas unos segundos, se arrodilló, la sujetó con fuerza, sintió su tacto húmedo, suave y pequeño, y estiró hacia arriba. Pero pesaba demasiado.

Unos ojos de color verde tan intensos como un prado le miraron suplicantes. Su fuerza falló durante un milisegundo, el tiempo necesario para que su brazo flaqueara, su cuerpo se fuera adelante, provocando que sus rodillas fallaran y cayera hacia el mar. Sintió como la gravedad lo empujaba hacia el mar, mientras que sus ojos se hundían en aquel prado verde inmenso, mientras la cabellera pelirroja de ella en cierta manera lo acunaba. Sintió el duro golpe del agua por un momento y se sumergió.

En seguida, sus pequeñas manos lo atraparon y tiraron fuerte de sus muñecas hacia ella, y sin cerrar si quiera los ojos, sin dejar de mirarla, sintió la proximidad de la piel. Se apartó el pelo rojo y húmedo de la cara mientras le miraba y sonreía.  No había ni rastro de ropa en aquel cuerpo, y el contacto con ella le erizó cada poro de su piel. Sintió como su erección crecía súbitamente, y sus labios sintieron la humedad de aquellos con los que hizo contacto, sintió de pronto la desesperación de querer más, de hundirse en su profundidad hasta encontrar su lengua.

Se rozaron, juguetearon con su nariz, se sonrieron, posó su pequeña mano sobre su barba incipiente y le acarició suavemente la mejilla, mientras volvía a atacar con sus labios. Sentía que iba a explotar, y que no podía más. Y como leyendo su mente, ella deshizo el botón del pantalón, mientras el agua se encargaba de bajarlo completamente. Su cuerpo giraba en una vorágine de sensaciones, sentía como le quemaba la piel cada pequeño contacto con su cuerpo, sentía que el mundo ya solo eran aquellos ojos verdes, solo existía el roce de su cuerpo, y ansiaba más. Acarició sus duros pezones, su pecho turgente, sintió como se le erizaba la piel a ella también, casi de manera instantánea, y como todo era fuego y hielo en su carne.

Y mientras bailaban, mientras salpicaban, mientras se besaban la piel desnuda, ya no pudo más. Y se adentró, poco a poco, en las profundidades de ella, sintió la adrenalina de lo que hacía, y empujó, primero de manera suave, y después un poco más duro. Se apoyó en la dura roca, mientras sólo la sentía a ella, su cuerpo se contorneaba, y volvía hacia él. una y mil veces. Sentía como cada vez su humedad cada vez era mayor, notaba su aliento en el cuello, en la barbilla mientras no dejaba de adentrarse en su mirada, notó la presión de su cuerpo, ella tiraba de él y sabía que los dos ya estaban al límite. También él.

La última ola de sensaciones recorrió cada ramificación nerviosa de su cuerpo, llegando incluso al cielo de la boca. Se deshizo, y sintió que no la podía parar, sintió su cuerpo desinflarse poco a poco, y mientras, ella le absorbía con sus labios en el cuello. Sus fuerzas se desvanecían con cada sorbo de ella, mientras no podía dejar de mirar el cielo azul con nubes pasajeras que le contemplaban, mientras en su mente, bailaba la mirada verde de ella. Y escapó el último aliento antes de que toda su esencia se mezclara con la de ella. Hasta que no quedó nada más.

La súcubo se relamió gustosa el último dedo con el cual había tocado su piel mientras sonreía.

Anuncios

2 comentarios sobre “Deshazte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s