Sonrisas invisibles

El sonido del metro se deslizaba por todos los vagones a gran velocidad. En las ventanas se podían apreciar las formas oscuras del túnel. Ella no sabía a donde mirar. Echaba pequeños vistazos a su mochila roja, vieja, desgastada, llena de firmas. Escuchaba sin escuchar a aquel trío de adolescentes locas que hablaban de las páginas web de moda. Percibía la mirada del niño del carrito que estaba a su lado. Miraba las manchas de aceite negro esparcidas por el suelo del vagón de alguna bicicleta o similar. Pero lo que más le sorprendía era aquella sonrisa invisible que la miraba de vez en cuando y que se situaba al frente de ella. Era un hombre de los que cualquier escritor los etiquetaría como corrientes. Con el pelo largo y ondulado, peinado hacia atrás. Ojos hundidos, espesa barba y una nariz fina y ganchuda. En sus manos, llevaba una tablet y por cada vez que bajaba la vista hacia ella, una sonrisa aparecía como una lluvia de verano repentina. Y desaparecía misteriosamente al alzar la vista para contemplar el monótono paisaje de metro.

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4 comentarios sobre “Sonrisas invisibles

  1. Son dos mundo que conviven en la misma persona, el elegido en la tableta y el obligatorio en el metro, ¿Con cual estarías más a gusto?. Cuidado y medita tu respuesta,, no sea que te descubras como Solariana..

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