Un tren siberiano

Tengo tanto miedo de perderme en esta enorme ciudad que memorizo, como si de un libro se tratase, todos los carteles de los establecimientos que van pasando por mis ojos. Sin embargo, a cada segundo que pierdo la vista y vuelvo a mirar, algo ha cambiado. Aquella pareja que estaba sentada en el banco de la esquina han desaparecido, como si de una brisa matutina se tratase que se fue sin apenas dejar rastro. En esta ciudad todo cambia a cada segundo, igual que yo. ¿Qué soy sino una sombra que pasa y quizás nunca volverás a verla cruzar tu camino?

Sólo los viejos demasiado tristes y solitarios para jugar al dominó permanecen en un mismo lugar. Sólo ellos.

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12 comentarios sobre “Un tren siberiano

    1. Desde luego, aunque asuste nos gusta perdernos entre callejuelas de vez en cuando para poder encontrarnos más tarde… ¡Gracias por pasarte por aquí! (No sé por qué me había puesto vuestros comentarios como SPAM).

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  1. Es curioso que haya pensado al respecto hace un par de días. Tantas miradas de odio, de cariño, de disculpa o de desdén que se cruzan todos los días, a todas horas y en todos los rincones de esta monstruosa ciudad. Historias que podrían tener un principio y un final, pero nunca sucede nada. Al final, es justo como dices: para los demás aquí, somos sombras, hologramas que hacen de extras en sus vidas y que desaparecerán al volver la vista.
    Tochaco. Debe ser las horas que son. Lo siento.

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    1. En mi opinión, para nada es tu comentario un tochaco (Yo sí que he escrito a veces comentarios larguísimos, tanto que asustan de leer, jaja) y me ha encantado tu opinión. Todos somos extras de infinitas películas y no nos dan por ello ni siquiera un pedazo de bocata (quizás a veces un sentimiento grato…)

      ¿Qué sería el mundo de internet sin los mensajes a altas horas de la noche, insomnes y sin poder dormir?

      ¡Saludos!

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      1. Jajaja… eres muy amable. Yo también he pecado de escribir sin querer el Tercer Testamento como comentario a alguna publicación.
        Eso es exactamente lo que quería decir, y lo corroboro por el detalle del bocata. La próxima vez, me acercaré a cualquiera que me mire a los ojos en el tren y le diré “Mi bocata. Ahora”. Me lo merezco. Nos lo merecemos.
        Internet sería un 75% más pequeño sin esos mensajes 🙂

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  2. Esa misma sensación tuve durante mis primeras jornadas en Barna, Luego poco a poco te vas incluyendo en el paisaje y habitando espacios conocidos. La magia de la sorpresa inicial desparece y eres otra más a transitar. besosos.

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