El whisky en tus labios

Miraba la copa con desazón y removía su contenido con la yema del dedo índice. Una barba puntiaguda crecía poco a poco por toda su cara flácida por el paso del tiempo, y su mono azul sudado y manchado de tierra era ya casi molesto. El camarero daba brillo a sus copas recién compradas, les daba brillo y las mimaba más incluso que a sus hijos, todo el día tirados en la calle entre drogas legales e ilegales. Hombres charlando de sus esposas, de los cotilleos de última hora. Aquel bar era su refugio para cotillear sin peligro a ser señalado. ¿Quién dice que sólo cotillean las mujeres?

Aborrecido de la vida, cansado de su mujer e hijos, cansado de su rutina, permanecía en silencio, pensativo, sumergido en una oscuridad espesa como el olor que emanaba su mono de trabajo azul. Ahogado en su propia mentira, la vida pasará sin pena ni gloria, rey de una tierra sin nada.

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