El lienzo

Ella pintaba en  la hoja en blanco. Siempre pintaba y pintaba, para después, romper la hoja y tirarla a la basura. Siempre despreciando sus dibujos, siempre matando a su propia imaginación. Un día, el ciervo que dibujó en una noche estrellada le habló en sueños y le dijo: Sigue despreciándote, cobarde, así nunca ganarás batallas.

Y su imaginación murió esa misma mañana.

 

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