La inmortalidad de las palabras

Ella removía con silenciosa quietud el té contenido en su taza. Contaba las 264 horas con sus 15.840 minutos y los 950.400 segundos que tenía. Mientras una silenciosa cocina le respondía que sería un fin de año totalmente diferente al que siempre había acontecido durante toda su vida. El tiempo se iba muy lentamente y dejaban atrás todos los momentos, pero siempre permanecerá el recuerdo. Y un recuerdo puede llegar a ser inmortal si se deja escrito en algún sitio.

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