Frío polar

Silencio. Un paso, otro paso, y otro más. Con un sonido seco: Plat, plat, plat, plat… El ruido de la calle apenas se distingue entre un montón de sensaciones. Y se convierte en frío, se convierte en silencio. Pero conforme avanzas, cuanto más te acercas, aceleras un poco más. Sintiendo, queriendo, anhelando. Y sin embargo aún está lejos, lejos, lejos… No desistes, no dejas de avanzar, tus pasos son rápidos y ligeros, como el mismísimo vendaval.

Y de pronto te ves allí. Todo se relentiza, cada vez caminas más despacio, despacio, despacio… Y es cuando lo ves. El final del camino está allí mismo. Esperándote. Sonriéndote.

Se hace irremediable el momento de abrazarse. Te inundas en un mar de brazos. Profundizas más allá de la carne. Y dejas que se pare el momento. No existe nada más. No hay nada más a tu alrededor. Y te dejas mecer, como una hoja que se balancea en un árbol otoñal. Te acuna. Y entonces alzas la mirada. Lentamente, como el gato que quiere abalanzarse sobre su presa. La ves. Ves su mirada. Su resplandor. El corazón te palpita fuerte, rápido: BUM-BUM-BUM. Ni siquiera la voz puede competir en ese momento, y queda callada, queda callada…

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3 comentarios sobre “Frío polar

  1. De acuerdo con el final. Sobre todo con ello.
    Creo que te voy a enlazar de manera bonita a mi blog… Ya te enseñaré 🙂
    Te sigo releyendo, geme 🙂

    Me gusta

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