La inocencia de tu mirada que se corrompe

Nacemos inocentes como el mundo mismo, somos la inocencia de una flor, de un pájaro o de un gato acostumbrado a que le den comida. El mundo nos hace cambiar, y de qué manera. Porque no todas las personas cambian por igual. Cuando nuestra mirada inocente comienza a ver el por qué de las acciones, la verdadera realidad del ser humano, empieza a corromperse. Se corrompe tanto nuestra mirada, que en una inocente rosa primaveral nos asustan sus espinas y comenzamos a ver sombras donde no las hay.

La sociedad crea monstruos porque trata monstruosamente a algunas personas. Monstruos que temen, que huyen y se agazapan bajo las mantas. En el fondo sólo son corazones dolidos, pero por ser monstruos, la sociedad nunca los verá como alguien por igual. Y es así cómo se crea un círculo vicioso.

Ésto son sólo desvariaciones de una tarde de sábado.

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