Abandonarse

Hacía tanto tiempo desde que se abandonó a sí misma, que ya no sabía qué era eso. Tanta tristeza, tanta melancolía y lágrimas habían hecho que su alma se reblandeciera. Y ahora, era como un cachito de gelatina tembloroso. Por lo que se puso su armadura de gladiadora, cogió sus espadas, y se decidió a entrar en el ruedo.

Esta vez iba a vencer, esta vez no se iba dejar influir. Era hora de encontrarse a sí misma, y también de encontrarlo a él.

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