Infinitud

Miré nuevamente a mi alrededor, lentamente, buscando algún vestigio de movimientos. Mas nada se movía, ni siquiera mi mente me jugaba malas pasadas y hacía parecer que incluso las hojas de las copas de los árboles se movían. Nada. Todo permanecía rígido, inamovible. Todo estaba parado, quieto, ni siquiera el tiempo se movía. Todo, excepto yo.

Sí, ahí estaba yo. Había parado el tiempo, me tomaréis por loca, quizás por una cuentacuentos más pero lo cierto es que ahí estaba, con un mundo tan rígido que parecía que iba a fracturarse en cualquier momento. Ni siquiera Uriel se movía. Demasiado cruel para mi, lo que había anhelado con tanta pasión, que se anulara el tiempo, me parecía maravilloso. Pero esto, esto es demasiado cruel. No podía vivir de aquella manera, en un mundo donde no había nadie, en un mundo donde todo era infinitud.

Me pregunté si algún día todo volvería a la normalidad.

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