Diario de la chica que comía golosinas (Parte I)

Día del algodón de azúcar.

Creo que esta es la primera vez que escribo algo de éste tipo. Mis padres sólo querían que estudiara y estudiara, “nada de perder el tiempo, Zoé” me decía mi padre. Y siempre que lo hacía, él cogía un mechón de mi pelo castaño largo y ondulado, y lo acariciaba.

¿Pero quién es el que pierde el tiempo realmente? Mis dos padres siempre acababan discutiendo y gritando sus nombres por toda la casa, a veces sin motivo aparente. ¿Eso no es también perder el tiempo?, hasta que al fin ocurrió. Sí, tarde o temprano tenía que llegar mi libertad. La escena de mi padre con la vara de hierro ensangrentada llorando mientras mi madre yacía en el frío suelo casi era entrañable. Y no pude evitarlo. No pude evitar coger la navaja que un día me guardé de casa de mis abuelos, sacarla de mi bolsillo, abrirla, y clavársela en el lateral del cuello a mi padre. ¡Era algo tan emocionante! No pude evitar la sonrisa. Me llenaba de satisfacción que pudiera vengarme.

Al poco rato de verlos morir, cogí algo de dinero y me fui a una tienda de frutos secos y golosinas que había cerca de mi casa. Allí me compré un bote con algodón de azúcar.

Y así fue como empezó mi viaje hacia la cordura. Y con ello, también comenzaba mi viaje hacia el fin de mi desesperación. Desesperación. Una situación se convierte en desesperada cuando empiezas a pensar que es desesperada. ¿Cuándo comencé yo a tener desesperación? ¿Con 10 años? ¿Menos aún? No lo recuerdo. Solo recuerdo el elemento de mi desesperación: Aquella habitación con las paredes de color azul.

Vaya, nunca había comido un algodón de azúcar como el de hoy. Aunque no sea como el de las ferias y pierda todo su encanto. Es un algodón atrapado en un bote transparente. En el fondo es como yo. Y por eso, me gusta aún más.

Observo a la gente pasar en este viejo parque. Algunos se fijan en que mi falda color gris tiene una gran mancha de sangre. ¿Tanto les horroriza? Todos tenemos sangre fluyendo por nuestras venas. Todos y cada uno de nosotros. No es algo venido de otro mundo ni un elemento extraño, sin sangre, no podríamos transportar nuestro oxígeno, ni las vitaminas y minerales.

Hmmm… Está muy bueno éste algodón de azúcar, es una pena que ya no quede más, sólo éste último bocado. Todo lo bueno se acaba, más tarde o temprano. Deleitaré mi paladar con éste último bocado.

Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación. Pero yo voy a conseguir vencer la batalla.

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