Los semáforos en rojo

¿Alguien sabe cuánto tarda un semáforo en volver a ponerse en verde? ¿Alguien puede decirme cuánto tiempo de mi vida pasé esperando la luz verde de ese semáforo?

Era un día cualquiera, de esos en los que ni siquiera llevaba el mp3 puesto sonando música al azar, puesto que ni siquiera lo necesitaba, ese día estaba yo y mis pensamientos únicamente. Repasaba la lista de la compra mentalmente, las calles estaban abarrotadas de gente, gente que pasaba de largo sin siquiera darse cuenta de mi existencia. Calles llenas de tiendas, aparentando la riqueza de la ciudad, y como contraste, gente postrada en las paredes de aquellas tiendas demasiado pobres para entrar en ellas.

Casi estaba llegando ya a mi destino, sólo tendría que cruzar algunos pasos de peatones más y pasar de largo por algunos escaparates. Nada indicaba lo que pronto me iba a ocurrir. Todo apuntaba a que era un día más, como cualquier otro.

Pero lo cierto es que, en aquel paso de peatones que siempre tardaba una barbaridad en ponerse en verde, aquel mismo paso de peatones que me llevaría hasta la estación, en frente de aquel hotel que hacía esquina, deseé por primera vez en mi vida que nunca se pusiese en verde.

Nunca imaginé poder percibir unos ojos tan bonitos como aquellos, al otro lado de la acera, unos ojos color coca-cola que se clavaban en los míos. Nunca deseé tanto unos labios como aquellos, finos y suaves como ninguno. No podría decir si era el chico de mi vida, no podría si quiera decir si sería perfecto para mí, si ya tendría novia o estaría casado, si solo le importaban las chicas para una noche, o si era gay. Pero el mundo pareció detenerse en ese momento. Sólo existíamos él y yo en esa nueva dimensión que habíamos creado, ninguno de los dos decidió retirar la mirada, ninguno de los dos había movido siquiera un músculo.

Su camisa a cuadros casi veraniega, sus vaqueros medio rotos, su pelo algo largo y moreno. Todo él me tenía paralizada, todo él me tenía al mismo tiempo en un estado de éxtasis, miedo, embriagadez, y ansiedad.

Pero el semáforo volvió a ponerse en verde, por primera vez en mi vida lo maldije por ello, mis pies caminaron instintivamente, él caminó también hacia mí, todo parecía ir demasiado lento, la música de fondo era mi corazón latiendo fuertemente, la tensión podía cortarse con la punta de los dedos. Poco a poco, él cada vez estaba más y más cerca. Ya podía sentir su respiración, ya podía sentir su atracción hacia su cuerpo, pero mi cuerpo reaccionó, mis mejillas se sonrojaron, el instinto me hizo  bajar la cabeza. Sentí cómo pasaba por mi lado, casi rozándome, oliendo su aroma de colonia fresca.

Pasó de largo. No podía creerlo, pero había pasado de largo. Y mi corazón se había ido con él. Había pasado de largo. No había manera de volver a saber de él. Solo el destino podría volver a juntarnos sólo si lo quisiera.

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3 comentarios sobre “Los semáforos en rojo

  1. que romantico momento de esos pequeños segundos que nos vuelven locas a todas las chicas…
    pero no era para ti si no no hunieses bajado la cabeza noooo pq la bajastee???

    Me gusta

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