Cartas desde la luna. Parte II

Capítulo 1

La Luna, a 12 de Octubre de 2012

¡Hola!

Sí, sé que en el remitente no pone quien soy, ni siquiera mi dirección. Solamente viene ese apartado de correos barato que alguien como yo se puede permitir. Y no, no pienso decirte de momento quien soy… Sólo te diré que soy una especie de admirador tuyo, no un acosador como te puedes estar imaginando en estos momentos. Tampoco creas que soy un viejo verde, aunque a decir verdad, puede que sí esté un poco loco. Pero claro, con ésto quizás solo aumente tu desconfianza. Aun así, confiaré en que no sea así.

Espero que no te molestes por no saber esta información (Nombre, apellidos, dirección…), aunque he de decir que me costó lo suyo poder encontrarlo todo.

En cuanto a mí, y para que no te asustes… Quizás sea un chico demasiado corriente. Algo tímido, y por qué no, mucha gente cree que como todos, tengo puntos extraños y diferentes.

Poco a poco te iré contando más sobre mi, y a lo mejor, un día sabes quien soy. Pero quiero que lo descubras tú… Porque yo seré el lanzador de aviones.

Gracias por dedicarme algo de tiempo. Si quieres responderme… sólo tienes que escribir al apartado de correos que te he dejado en el remitente.

Besos tatuados en el folio:

Anónimo

A decir verdad, era una carta corta. Pero creo que podía tener sustancia. Ahora solo quedaba ver qué ocurriría. Hay dos opciones generales: Que haya respuesta en ese apartado de correos, o que no la haya, y en consecuencia de éste último, seguir soñando. Pero tarde o temprano se hará ver. Bajé a la puerta del edificio donde los pisos eran tan pequeños que parecían construidos para enanos. Sí, Ahí vivía yo, era lo que me podía permitir si quería vivir solo, sin convivencias de ningún tipo con otras personas conocidas o no. A pocos metros del portal, se encontraba el buzón de Correos, por lo que no suponía una gran caminata. Como siempre, él tan rígido, tan silencioso y amarillo. Pero tenía suerte, pues él podía leer cada historia de esta ciudad, cada lágrima o sentimiento… Era como una caja de sentimientos muda.

La calle sigue siendo tan anónima para mí, no conozco a nadie, no vuelan las miradas conscientes de quién soy yo o de lo que ha sido mi vida, y en parte, eso me hace sentir mejor. Es el anonimato de las ciudades. No es como el silencio de mi pueblo, donde sólo se escuchan murmullo acerca de lo que eres o has dejado de ser. No, la ciudad posee calles ruidosas, pero llenas de gente que no repara en ti. Aunque esto también puede ser un peligro para las personas que se sienten solas.

Por los auriculares se escuchaba a Led Zeppelin. Mi mp3 estaba repleto, a pesar de tener un terabyte de capacidad. He de decir que me encanta la música del siglo XX: The Beatles, Rolling Stone, Led Zeppelin, Depeche Mode, Nirvana, Queen… Tenía algo que este siglo apenas tenía. Una especie de magia que llenaba todo el cuerpo, desde la punta de los dedos del pie hasta la coronilla. Y hacía que vibrara en consecuencia.

Es verdad que mis amigos siempre me dicen “Aitor, eres un viejo”, pero después no tardan en venir a mi piso para que les repare sus portátiles o solucione sus dudas mecánicas o cibernéticas. Y de ahí me viene mi pseudónimo Ram. Sí, soy demasiado bueno y amable. Pero en fin, también lo hago porque quiero y porque al fin y al cabo, me gusta trastear con ordenadores. Creo que cabe decir, en comparación, que son unos huevos, pero no huevos de… Huevos de cigotos. No me entendáis mal.

Aun así, pienso que muchas personas últimamente tienen cada vez el cerebro más pequeño o la cabeza más vacía. Pero en fin. ¿A quién echarles la culpa? ¿Al gobierno? ¿A los medios de comunicación? ¿A caso la televisión es solo un medio de información que absorbe el cerebro con programas rosas? La gente siempre ha mirado sus intereses, pero creo que últimamente ha aumentado exponencialmente. Esto es una sociedad de falsa modestia, donde el mundo entero nos importa un carajo. Lo importante: El dinero y la televisión. Hoy en día ¿qué hogar no tiene una televisión? Yo sin embargo, no tengo. Y estoy perfectamente cuerdo. (O eso creo, porque estoy en una carrera de locos).

Después de clases, aprovecharé lo que me queda de mañana para dar un paseo por la zona centro… En La Casa del Libro quizás haya algún libro interesante sobre Durkheim…

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