Los merengues

 

Los merengues son como la vida misma. Por mucho cuidado que tengas, siempre al comerlos se te escapan unas cuantas miajas. No te los puedes comer enteros, porque no te caben en la boca, y hay que comerlos poco a poco. El merengue es demasiado dulce, pero para los que saben saborearlo bien, saben que su dulzor es muy particular, y que después deja ese regustillo dulce también la boca. Un merengue tiene por dentro merengue sin solidificar, que se te pega a los dientes y puede ser molesto, pero después, cuando te lo quitas, sabe muy bien.

 

Un merengue es como la vida misma… ¿Nadie lo había apreciado antes?

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